jueves, 18 de agosto de 2011

Crónica de un avión

¡El avión! Pensé aquél día, recordando las palabras del profesor Wilson Gómez: “Muchachos, necesito que entiendan que es muy importante llevar la didáctica al salón de clase, por eso, un avión, ustedes van a ser los creadores de un avión, pero no cualquier avión, este será un avión que vuele” ¡miéeeercoles! ¿Que vuele? A duras penas sé hacer un barquito de papel que resista algunos segundos en el agua (y eso lo aprendí porque cogí un libro cuando tenía más o menos 9 años y siguiendo los pasos logré hacerlo) pero, un avión, yo nunca he podido con los aviones…

Entonces me puse en la tarea de buscar cómo se hace un avión. Si pude con el barquito, cómo carajos no iba a poder con un avión, me repetía una y otra vez, observando con detenimiento las variadas opciones para crear uno. Tantas vueltas di, que terminé decidiéndome por lo que había pensado en un principio: ¡el clásico avioncito de papel! Entonces busqué un papelito y comencé a seguir las instrucciones, con calma, con total curiosidad, de repente creí que volvía a mi niñez, fueron varios los minutos con esa sensación, mezcla de curiosidad, expectativa y deseo de que saliera bien mi experimento.  

¡Finalmente lo logré! ahora necesito que el condenillo no me haga quedar mal, necesito que vuele, como dijo el profe, o bueno, que al menos permanezca algunos segundos embelezado con la fuerza del aire o que por alguna razón persevere en el intento de mantenerse elevado mientras yo lo observo con los pies puestos en la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario